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Numerosos son los autores, pensadores o filósofos que a pesar de su fuerte impronta en la cultura y la historia de la filosofía todavía, y quizá siempre, sigan siendo una incógnita. Tanto respecto a su obra y vida, como a su propia existencia. Pensaron, pero… ¿existieron?.

La historia nos ha dejado su huella, e incluso anécdotas interesantesgraciosas e, incluso, plausibles: pero por falta de pruebas definitivas siempre ha hecho que la duda permanezca, y que sigan apareciendo quienes, quizá por juego, quizá por honestidad brutal, han criticado y negado su existencia. Caso de Zoroastro, Lao Tse, Sócrates o, cómo no, Jesús el Nazareno.

Y no ha sido menos para las mujeres filósofas, provocado por la misma falta de pruebas contrastables filológica o históricamente (máxime por la menor preponderancia social de estas en aquellos siglos), pero que contribuye no menos a esa ignorancia de siglos sobre la labor de la mujeres en la cultura occidental. Caso de Merit Ptah (c. 2700 a. C.), Aithra (a. C. 1000 a. C), Teano (la mujer de Pitagoras) o Polygnote (siglo VI aC), la importante alumna de Tales de Mileto.

Pero si en este dudar, Sócrates filosóficamente hablando es la gran incógnita, no lo es menos en el lado femenino, Diotima de Mantinea, quien según Platón en uno de los diálogos (El Banquete) fue maestra de Sócrates. Igual que con Sócrates, los historiadores, filósofos y filólogos no se ponen de acuerdo sobre su Existencia. Aunque sí sobre su supuesto pensamiento: según lo que cuenta Platón en su simposio, Sócrates hablaba acerca de ella como su maestra, sacerdotisa quien le enseñó la filosofía del amor, y quien había convencido a los dioses de posponer la peste que azotó a Atenás durante diez años, por lo que se la hace pasar por una pensadora muy ligada a un pre-platonismo o a un pensamiento místico a medio camino de lo mítico y lo racional, desde el análisis dialéctico y lógico de la tradición y la experiencia.

Como decíamos, los historiadores no hay unanimidad en cuanto si Diotima era en realidad un personaje real o solo de carácter ficticio. Si bien, dado que todos los personajes incluidos en los simposios de Platón correspondían a individuos de carne y hueso de la antigua Grecia, muchos se inclinan a aceptar su existencia. Pero igual que hay quien dice que sí, hay quien dice que no… aunque esto no cambie su figura y mantenga el espíritu de su «personaje» y filosofía casi intacta. Habiendo también una anécdota histórica que se hizo muy popular en los siglos XIX y XX, según la cual se enseñaba que la figura de Diotima estaba basada en la amante de Pericles, Apasia, de quien se habría tomado su carácter debido a su inteligencia y sabiduría. Denotando su carácter teatral, pero manteniendo su relación con lo racional, amoroso y político.

Diotima de Mantinea, como tantos y tantas, es una leyenda (real o no), un avatar, un personaje que llevará eternamente ese interrogante existencial. Que a veces aumenta un mito que seguro permanecerá eternamente en el acervo filosófico. La sacerdotisa del banquete de Platón, de la cuál Sócrates hablaba en los siguientes términos:

«… A la verdad, querido Agatón, es a la que no es posible resistirse, porque resistirse a Sócrates no tiene ninguna dificultad. Pero ahora voy a dejarte en paz para ocuparme de un discurso que me dijo un día una mujer de Mantinea llamada Diotima. Era una mujer muy versada en todo lo concerniente al Amor y a muchas otras cosas. Ella fue la que prescribió a los atenienses los sacrificios que suspendieron durante diez años una peste que los amenazaba. Todo lo que sé del Amor lo aprendí de ella. Voy a tratar de repetir lo mejor que pueda, después de lo que tú y yo hemos convenido, Agatón, la conversación que tuve con ella; y para no apartarme de tu método, explicaré primero lo que es Amor y a continuación cuáles son sus defectos. Me parece que me será más fácil repitiéndoos fielmente la conversación que mantuvimos la extranjera y yo…».

Nunca ha quedado claro históricamente si Diotima existió realmente o es un personaje de ficción… Si bien, para tener una hipótesis razonable sobre la existencia o no de Diotima, siempre merecerá la pena tener en cuenta los siguientes puntos:

1) Era una mujer de Mantinea que viajó a Atenas.

2) Era sacerdotisa, por lo que tiene un cargo religioso.

3) Parece tener libertad para estar a solas con un hombre (Sócrates), cosa que puede tomarse como indicio de que las sacerdotisas de su culto no tuvieran voto de celibato (bien es cierto que Sócrates y Diotima lo único que hacen en el relato es dialogar, pero ya sabéis las habladurías de la gente…seguro que algún ciudadano de Atenas extendería rumores, y más en una sociedad machista como aquella). También es posible que Diotima fuera célibe pero le preocuparan poco las habladurías de la gente vulgar, por lo que no tuviera problema en dialogar a solas con un hombre.

4) Parece ser que la religión que practicaba Diotima era la misma religión que la ateniense. Hay que tener en cuenta que Anaxágoras fue acusado de impiedad por afirmar que la luna era una piedra, Protágoras fue acusado de agnosticismo, y ambos tuvieron que exiliarse de la ciudad-Estado. La historia de Sócrates, que fue acusado de no creer en los dioses de la ciudad y traer nuevos dioses, la sabemos todos. De Diotima leemos que prescribió unos sacrificios a los atenienses que libraron a la ciudad de una peste, por lo que Diotima seguía la religión de esa ciudad (si no, la hubieran condenado al proponer los sacrificios). Ahora bien, entonces Mantinea y Atenas compartían religión, o bien Diotima, abrazó la fe que le llevó al sacerdocio una vez estuvo en Atenas.

5) El hecho de que Diotima haga cosas milagrosas (parar una peste en base a unos sacrificios que se hicieron porque los propuso ella), puede verse como un indicio de ser un personaje de ficción, pero no obstante, pudiera ser un personaje real al que Platón le haya atribuido en su relato una fantasía, o bien podría ser que fuera cierto, y en efecto se hicieron unos sacrificios que propuso ella y la peste se paró.

6) Y a todo esto sumar que no dejó (cómo Sócrates) texto escrito conocido o conservado…

Sea cómo fuere, mito o ficción, lo que es seguro es que es un paradigma clásico de una gran mujer.