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Un pastor encuentra un anillo en una gruta. Se lo pone e inmediatamente se vuelve invisible. ¿Tolkien? No: Platón. El pensador griego se adelantó dos milenios y medio al novelista sudafricano al imaginar el poder que podría conseguir alguien que consiguiera el don de la invisibilidad. En la fábula que Platón relata en el Libro II de “La República” la capacidad de hacerse invisible a ojos de los demás se utiliza como la “prueba del algodón” de la rectitud moral: aquel que actúe éticamente lo hará siempre, independientemente de si los demás están mirando: «Demos a todos –escribe Platón-, justos a injustos, licencia para hacer lo que se les antoje y después sigámosles para ver adónde llevan a cada cual sus apetitos».


El protagonista de la parábola es «el lidio Giges, un pastor que estaba al servicio del rey de Lidia», basado en un personaje real descrito por Heródoto. Cierto día sobrevino un terremoto en el lugar en el que apacentaba y allí mismo «abrióse la tierra». Giges descendió por la hendidura y encontró «un caballo de bronce, hueco, con portañuelas, por una de las cuales se agachó a mirar y vio que dentro había un cadáver, de talla al parecer más que humana, que no llevaba sobre sí más que una sortija de oro en la mano». [Recordemos que Gollum tomó el anillo de los restos de otro héroe, Isildur].

Giges acudió a una reunión de pastores y al girar el anillo «cesaron de verle quienes le rodeaban y con gran sorpresa suya, comenzaron a hablar de él como de una persona ausente». [El mecanismo del anillo de Giges difiere del de los hobbits: éste funciona sólo con ponérselo pero el imaginado por Platón se activa al situar el «engaste de cara a la palma de la mano»].

Una vez descubierto su poder, Giges, que es más de la cuerda de Gollum que de Bilbo y Frodo, inicia un raid lascivo y criminal valiéndose de su invisibilidad: «Llegó a palacio, sedujo a la esposa del rey, atacó y mató con su ayuda al soberano y se apoderó del reino» [Nótese que Platón despacha en dos líneas lo que para Tolkien hubiera requerido 300 páginas].

La conclusión de Platón es que «es opinión común que no habría persona de convicciones tan firmes como para perseverar en la justicia y abstenerse en absoluto de tocar lo de los demás, cuando nada le impedía dirigirse al mercado y tomar de allí sin miedo alguno cuanto quisiera, entrar en las casas ajenas y fornicar con quien se le antojara, matar o libertar personas a su arbitrio, obrar, en fin, como un dios rodeado de mortales». [El anillo de Tolkien impele a su portador a creerse, efectivamente, un dios rodeado de mortales, aunque no es más que un pelele seducido por la codicia y sometido al poder del anillo. Un anillo para dominaros a todos].

Y Platón no sólo se adelantó a Tolkien sino que también inspiró con su influyente «mito de la caverna» a los mismísimos hermanos Wachowski para crear ‘Matrix’. ¿O acaso la realidad es algo más que el imperfecto reflejo en la pared de una mente atribulada?