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«Contestar a esta pregunta parece fácil. Porque encontramos la respuesta en el mismo Nietzsche…», así venía a expresarse Martin Heidegger a propósito del personaje fundamental de la obra magna del bigotudo de Röcken. Y continuaba de modo muy literal (cómo olvidando la intertextualidad de este nombre)…

«… En proposiciones claramente formuladas Y además en itálicas. Se encuentran en aquella obra de Nietzsche que presenta de un modo expreso la figura de Zaratustra. El libro consta de cuatro partes, surgió entre los años 1883 y 1885 y lleva el título de Así hablaba Zaratustra, y su protagonista es Zaratustra…»

Pero en esta ocasión, Heidegger sólo nos dice quién es «El Zaratustra de Nietzsche», bien que siguiendo sus pasos y escritos doxográficamente, mas olvidándose completamente de decirnos qué significado tiene, por qué este personaje filosófico ya existente iba a ser el elegido por el «Filósofo Errante». Podía haber cogido a Buda, a Sócrates, a Lao Tze, a Jesucristo, al dios Dionisos o al mismo Anticristo, pero no, el maduro Friedrich decidió elegir a Zoroastro, y no a otro. Y en un filólogo de avezados conocimientos, sin rival en los juegos de sentido, cómo era Nietzsche, eso no podía ser casual.

Gracias a dios, o al Eterno Retorno, no hace falta que Heidegger u otro exegeta con ganas de confundirnos nos lo explique, la importancia de este personaje clave en la obra nietzscheana es algo que podemos encontrar en la misma bibliografía del autor de títulos cómo el ‘Nacimiento de la tragedia’, ‘Humano, demasiado humano’ o ‘La genealogía de la moral’, entre otros… ¡Sí, amigos, Nietzsche tiene muchas obras además de su Opera prima, ‘Also Sprach Zarathustra’!, algo que no está de más resaltar.

Pongámonos en antecedentes. Zaratustra, también conocido como Zoroastro, o Zaratas, fue un profeta iraní que vivió durante el s. VI a. C. Frente al politeísmo habitual de la zona creó una religión monoteísta, o pseudo-monoteísta, en torno al dios Ahura Mazda. De ahí los nombres de mazdeísmo o zoroastrismo que se aplican a su doctrina eventualmente. Era en rigor un dogma dualista con un reverso tenebroso de la fuerza en un tal Angra Mainyu (también llamado Ahriman), aunque a los efectos que hoy nos ocupan viene a ser la misma creencia «más acá del bien y del mal». 


Y Nietzche que gustaba de buscar el origen de las cosas (no otra cosa es su método genealógico) utilizó a este mítico Zoroastro o Zaratrustra por ser la figura más antigua conocida de una religión polar, esto es, el primero que ficcionó que existe un dios bueno contra un dios malo, es decir, el que inauguró la eterna lucha del bien contra el mal.
Tradicionalmente se ha aducido que el judaísmo es la madre de las religiones, si bien, una mirada más concienzuda (que a Nietzsche no faltaba) muestra claramente que su antecedente directo es esta doctrina dualista irania.

Una teoría reciente ha llegado a relacionar el zoroastrismo con el judaísmo, argumentando que el zoroastrismo era muy difundido en el Medio Oriente (en Mesopotamia, por ejemplo, llegó a ser la religión oficial), y que en algún momento los hebreos pre-abrahámicos debieron ser influenciados por los preceptos de éste. Al llegar otros imperios a Oriente, el zoroastrismo tenía tal influencia en las ciudades, en el campo y toda la vida social que perduró, y si pudo perdurar frente a potencias externas cómo no iba a poder influenciar a la primitiva sociedad de tribus y clanes de lo que luego sería el mundo judío…

Como es bien sabido Nietzsche tomó por enemigo al cristianismo, y cómo la mayoría de gente también sabrá, el cristianismo desciende del judaísmo. Lo que no todos saben o quieren saber, es que Nietzsche (incluso cuando dijo aquello de «Dios ha muerto») no limitaba su crítica al cristianismo por el cristianismo, algo que se puede ver con nitidez si analizamos el personaje que hoy estamos tratando. Nietzsche tomó al profeta del zoroastrismo para «criticar» todas las religiones monoteístas (cómo le gustaba decir monotonoteístas), es decir, utilizó esta figura para atacar los orígenes de las religiones moralistas diciendo algo así como que la base estaba mal desde su inicio. Mazdeístas, talmudistas, cristianos, islamistas o evangelistas todos descenderían de una línea común iniciada en Zaratas.

Por tanto, sería claro que Nietzsche se sirvió de un recurso literario para que su personaje Zaratustra destruyera lo que el Zoroastro histórico creó: la moral, el bien y el mal. Metafóricamente obligó al mito a volver para cambiar el discurso falso que había formado y se había ido reproduciendo en el mundo: incluso en las formas «Modernas» que tanto criticó en sus libros, el liberalismo, el socialismo, el anarquismo, el cientificismo, etcétera, y demás formas de nihilismo. Y es que ‘Así habló Zarathustra’ no critica que se haya desvirtuado el origen de estas religiones, lo que critica es el sistema ético completo de las religiones bíblicas y el sentido moral del mundo que ha devenido.

Así que si pensabas que Zarathustra era un especie de alter-ego de Nietzsche, estabas equivocado. Necesitas releer su obra (o simplemente leerla). Igual que lo estarías si creyeras que el filósofo de la sospecha se consideraba el Superhombre (también deberías leer otras obras de él). No es así para nada, Zaratustra era otra cosas. Pero él, queremos decir Nietzsche, con su inmejorable prosa, lo explicará mejor:

«… No se me ha preguntado, pero debería habérseme preguntado qué significa cabalmente en mi boca, en boca del primer inmoralista, el nombre Zaratustra; pues lo que constituye la inmensa singularidad de este persa en la historia es justo lo contrario de esto. Zaratustra fue el primero en advertir que la auténtica rueda que hace moverse a las cosas es la lucha entre el bien y el mal, la transposición de la moral a lo metafísico, como fuerza, causa, fin en sí, es obra suya. Mas esa pregunta sería ya, en el fondo, la respuesta. Zaratustra creó ese error, el más fatal de todos, la moral; en consecuencia, también él tiene que ser el primero en reconocerlo. No es sólo que él tenga en esto una experiencia mayor y más extensa que ningún otro pensador –la historia entera constituye, en efecto, la refutación experimental del principio del denominado “orden moral del mundo”–: mayor importancia tiene el que Zaratustra sea más veraz que ningún otro pensador. Su doctrina, y sólo ella, considera la veracidad como virtud suprema. Esto significa lo contrario de la cobardía del “idealista”, que, frente a la realidad, huye; Zaratustra tiene en su cuerpo más valentía que todos los demás pensadores juntos. Decir la verdad y disparar bien con flechas, ésta es la virtud persa. ¿Se me entiende? La auto-superación de la moral por veracidad, la auto superación del moralista en su antítesis –en mí– es lo que significa en mi boca el nombre Zaratustra…»

Friedrich Nietzsche: ‘Ecce homo, Por qué soy un destino, III’.