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Rodrigo de Jerez fue uno de los marineros de la Santa María en el viaje de a América del año 1492 y el único condenado por la Santa Inquisición por el hábito “pecador e infernal” de fumarse el tabaco que se trajo de souvenir desde el nuevo continente  a su pueblo de Ayamonte , Huelva. La Iglesia, siempre atenta a condenar aquello que no comprende, argumentó que solo el Diablo podía hacer a un hombre inhalar y expeler humo por la boca. Así, el explorador se convirtió también, sin quererlo, en precursor a la hora de comprobar en sus propias carnes los perjuicios del tabaco.

El descubrimiento (europeo) del tabaco

Rodrigo de Jerez quedó petrificado ante la extraña visión. Junto al judío conversoLuis de Torres habían recibido del mismísimo Almirante Cristobal Colón la misión de internarse en lo que había bautizado como Isla Juana (actual Cuba) en busca del Gran Kan. No sabía, como tampoco los demás expedicionarios, que se encontraban ante un nuevo continente, ni la China ni el Japón, lleno de maravillas nunca vistas por ningún europeo. En aquel momento se encontraba estupefacto ante una de ellas.

En la aldea, reunidos y aparentemente relajados, unos nativos expulsaban al aire un humo dulzón desde una especie de mosquetones hechos de lo que parecía papel, que primero chupaban con deleite. Eso, sin quemarse las entrañas. Parecía cosa de magia y así lo contaría el Conde Roselly de Lorgues en su Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón (1858):

 “(…) dieron con multitud de naturales de ambos sexos, que traian unos rollos de yerbas secas encendidas por un estremo, mientras por el otro se lo acercaban á la boca para aspirarlo, después de lo cual, despedían de ella una nube de humo.”

El ayamontino, ante la posibilidad de mostrar cobardía y borrar de la cabeza de los indios que los españoles eran dioses, se atrevió a beber de aquel sospechoso caramillo y, pese al primer impacto, le cogió el gusto rápidamente.

Fragmento de ‘El fumador’, de Joon vas Craesbeeck.

Muy contento no debió quedar Cristóbal Colón cuando de Jerez volvió al campamento base con la historia de los “hombres chimenea” en lugar de un cargamento de riquezas asiáticas. A pesar del chasco, según Wayback Machine, el genovés quedó impresionado por el aspecto ceremonial del consumo de tabaco, usado por los indígenas en ceremonias de paz y de purificación del espíritu, pues para ellos el consumo de estas hojas poseía poderes mágicos y agradaba a los dioses. De hecho, el tabaco se utilizaba como fármaco para combatir el asma, trastornos intestinales o nerviosos, fiebres, convulsiones e incluso mordeduras de animales.

Retorno a España

Para 1493, cuando Rodrigo de Jerez volvía a España con un buen cargamento de aquellas hojas a bordo de “La Niña”, ya se había aficionado al consumo de la planta. Al parecer, su nuevo y humeante hábito escandalizó a los vecinos de su pueblo nada más llegar.

Existe sin embargo otra versión de su caída en desgracia. Al  volver a instalarse en  Ayamonte, según el blog de fumadores de pipa Ovejanegra, se tuvo que ocultar de ojos ajenos para poder fumar. Sin embargo, su mujer lo espió.

Horrorizada de ver como exhalaba humo como un allegado del infierno o el mismo Demonio debió salir despavorida. Don Rodrigo fue delatado a la Santa Inquisición que enterada del asunto lo apresó.

El Santo Oficio le encarceló por sus hábitos paganos y diabólicos, según refleja laWikipedia, acusado de brujería ya que «sólo el diablo podía dar a un hombre el poder de sacar humo por la boca». Amén.

El final de Rodrigo de Jerez

El primer español en haberle dado al pitillo se pasó la friolera de seis años en prisión, y sin que nadie le llevase tabaco. Afortunadamente para él, cuando salió del talego (algunos dicen que gracias a la intercesión de Colón) el vicio de fumar ya se había implantado a este lado del océano y era uno más entre los españoles a punto de entrar en el siglo XVI.

Rodrigo de Jerez, a su muerte, fue enterrado en la Parroquia de San Mateo de su ciudad natal. Destruida durante la guerra con Portugal, sobre sus ruinas se construyó la Iglesia de Nuestro Señor y Salvador. La losa de su sepultura sirvió para confeccionar la mesa de su sacristía. No se sabe con certeza donde se encuentran sus restos.

Con información de Sobrehuelva.comOvejanegraHistoria de la vida y viajes de Cristóbal Colón, Plantaforma, Wayback Machine Wikipedia.