En esto de la publicidad está todo inventado. Véase, si no, estas ingeniosas sandalias que pertenecieron a una prostituta en la antigua Grecia y que, al caminar, iban dejando un inequívoco “reclamo publicitario”: ΑΚΟΛΟΥΘΙ, es decir “Sígueme”.

A tenor del mensaje, la usuaria de estos zapatos posiblemente perteneciera a la clase de las prostitutas independientes, una de las cuatro clases que existían en las polis de la antigua Grecia, donde la prostitución estaba arraigada y socialmente tolerada. Estas prostitutas podían ser bien metecas (forasteras) recién llegadas a las polis, viudas pobres o antiguas pornai que habían logrado independizarse.

«Sígueme y hacemos un griego».

Las pornai eran esclavas de origen bárbaro que trabajaban en prostíbulos y eran propiedad de un proxeneta, literalmente, un “pastor” de las prostitutas.

La categoría más alta de las prostitutas la encarnaban las llamadas hetaria, literalmente mujeres de “compañía”, que pertenecían a las clases altas, eran capaces de mantener conversaciones con gente cultivada y, de algún modo, eran el equivalente en Grecia de las geishas japonesas.

La última clase eran las prostitutas sagradas, que ofrecían sus servicios como ofrenda a las divinidades en templos de Sicilia, Corinto, Chipre o Ponto. Según relata la siempre docta  Wikipedia,  “en 464 a. C., un tal Jenofonte, ciudadano de Corinto y vencedor de la carrera a pie y del pentatlón en los Juegos Olímpicos, dedicó a Afrodita, en signo de agradecimiento, cien jóvenes mujeres al templo de la diosa”.

Las sandalias pueden verse en el Museo del Sexo de Praga y hemos llegado a ellas gracias al tuit de @Elzo_.


Visto en Twitter. Con información de Wikipedia y The Vintage News.