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Almudena tenía una cadena de restaurantes en la costa mediterránea, una pareja estable y una vida ideal, al menos en apariencia. Sin embargo, no acababa de sentirse feliz: “Bebía muchísimo, fumaba como un carretero y en ocasiones tenía episodios violentos”, recuerda. “Hace cuatro años, alguien se cruzó en mi vida. Me vio fatal y me recomendó probar la ayahuasca. Es lo mejor que he hecho en mi vida”.

La ayahuasca es la “planta maestra” por excelencia, un brebaje de origen amazónico que cada vez cuenta con más seguidores en todo el mundo. Un porcentaje significativo de quienes han probado la ayahuasca –u otras plantas psicoactivas, como los hongos, el San Pedro o el peyote– aseguran que esta experiencia ha sido una de las más significativas de su vida.

Sin embargo, muchos de esos psiconautas prefieren no hablar de estas experiencias en público, por temor a las consecuencias familiares, laborales o sociales que pudiera tener su relato. El motivo es evidente: las sustancias psiquedélicas siguen estando prohibidas, metidas en ese amplio y confuso saco de las llamadas “drogas”, de forma que los consumidores temen quedar estigmatizados o incluso sufrir represalias legales por su uso.

El año pasado, durante la celebración de la III Conferencia Mundial de Ayahuasca en Girona, se empezó a gestar una iniciativa para invitar a “salir del armario” a los usuarios de plantas maestras. El proyecto #ThankYouPlantMedicine fue impulsado por el costarricense David Grillot y ha sido secundado por varias decenas de miles de personas en 28 ciudades de todo el mundo.

La idea detrás del proyecto es sencilla: pedir a los psiconautas que compartan en las redes sociales –Instagram, Facebook, YouTube– los cambios que sucedieron en su vida a raíz de trabajar con ayahuasca y otras plantas medicinales. “Yo llegué a ellas a través de la psilocibina [componente activo del hongo psilocibe] y mi interés por la meditación budista”, explica el propio Grillot en una entrevista con Kiko Castellanos, de ICEERS desde Barcelona. Aquel “despertar” desembocó en un proyecto de limpieza de playas y ríos en Costa Rica, un proyecto que “ha desencadenado oleadas de amor, conectando a mucha gente y tocando muchas vidas”, explica Grillot.

El testimonio de Grillot es común a muchas otras personas que se han acercado a las plantas maestras: sabiduría, amor incondicional, conciencia ecológica o sanación son algunas de las respuestas que los invitados al acto organizado por ICEERS –organizador también del citado Congreso de Ayahuasca- en Barcelona durante la tarde de ayer.

Las plantas maestras NO son “drogas”

Como decía más arriba, el estigma de las plantas maestras viene, en parte, por estar injustamente asociadas con drogas de abuso como la cocaína, el tabaco o el alcohol. No obstante, medicinas como la ayahuasca o la ibogaína –un poderoso enteógeno originario de África occidental- consiguen unos extraordinarios resultados para conseguir el desenganche de los adictos. El estremecedor testimonio de Michael para es significativo en este aspecto:

“Me llamo Micheal Slater y me estoy recuperando de una adicción multisustancias (…)”. Micheal cuenta cómo se enchanchó a la metanfetamina durante la década de los 90, cuando participaba en la escena rave de EE.UU. “Lo intenté todo para desengancharme: terapia de sock, dietas détox, acupuntura, hipnosis, EMDR, CBT… hasta 20 tratamientos distintos, pero cada vez que volvía a estar sobrio, la recaída era peor (…)”. Tras un intento de suicidio, en 2014 “en mi lecho de muerte, tuve la fortuna de conocer a Gabor Maté, que estuvo de acuerdo en que la ibogaína era mi única esperanza. En julio de 2014, una única dosis de ibogaína cambió la trayectoria de mi vida. Gracias, plantas maestras por salvar mi vida”.

La campaña #GraciasPlantaMedicina no solo necesaria sino que viene en el momento justo, cuando las drogas psiquedélicas están trasegando el sendero de despenalización y legimitización que ha abierto la marihuana. En 2019, Denver se convirtió en la primera ciudad de EE.UU. en despenalizar el uso de hongos psilocibe y ya son varios estados y ciudades que se plantean hacer lo propio. De hecho, si algún peligro tienen estas medicinas son el riesgo de adulteración y el intrusismo de profesionales poco formados, peligros ambos que se derivan de la propia prohibición.

Más información en ThankYouPlantMedicine, ICEERS y en el hashtag #ThankYouPlantMedicine. Con información de BBC y El País.