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Ocurrió este pasado primero de marzo. En ese mítico terruño en mitad del Océano Pacífico, que tiene el honor de ser el lugar más aislado del mundo (a casi 5000 millas de cualquier zona habitada), y es hogar de unas estructuras tan impresionantes cómo misteriosas, por lo enigmático tanto de su construcción cómo de sus desaparecidos constructores. Según fuentes oficiales, un individuo chileno residente en la conocida Isla de Pascua, o Rapa Nui para los paisanos, habría acabado con una de las no menos famosas estatuas que pueblan la lejana ínsula polinesia en un extraño accidente de tráfico.

Al parecer, siempre según el denunciado, quien pasó a disposición judicial acusado de dañar un monumento nacional, la causa de tamaña colisión contra unas construcciones que son patrimonio de la humanidad, se habría debido a un fallo de los frenos del vehículo. Mientras visitaba el lugar, estos se habrían desprendido y el coche se habría ido a colisionar directamente contra el monolito. Si bien, lo aparatoso del choque, que parecía ser causa de más de un impacto, amén de la localización de la estructura, en una zona completamente abierta y sin pendiente, hizo sospechar de la intencionalidad y la sobriedad del conductor. Quien, de demostrarse su culpabilidad, podría enfrentarse a cargos muy serios.

“El daño es incalculable”, comentó a la CNN Camilo Rapu, presidente de la comunidad indígena Rapa Nui a través de un comunicado.

Un hecho que aprovechó también para anunciar la prohibición el acceso a motor en este Parque Nacional Rapa Nui. Pues, al parecer, no sería la primera faena o escena de vandalismo que habrían sufrido los Moais. Y en 2019, Jo Anne Van Tilburg, directora del Proyecto de la Estatua de la Isla de Pascua, aseveró al mismo medio «que el mal comportamiento turístico, como las fotos vulgares de los visitantes que pretenden “hurgar en las narices” del sagrado Moái, estaba causando tensión entre los viajeros y los lugareños». Y dos años antes, un turista finlandés también intentó robar un lóbulo de la oreja de un moai antes de ser visto por una mujer rapanui local que denunció el gamberrismo a la policía del municipio.

Hanga Roa, o Rapa Nui, contiene cerca de 900 monumentos llamadas moai, que fueron tallados según los expertos durante los siglos XIII-XVI. No se sabe bien por quienes, o con qué motivo, debido a la decadencia y disminución posterior (especialmente hasta el siglo XIX) de la población, la sociedad y cultura. La mayor de ellos pesa cerca 70 toneladas, midiendo unos 10 metros de altura y, al parecer, encarnarían los espíritus de los antepasados isleños. Unas figuras humanas con cabezas de gran tamaño que descansan sobre enormes pedestales de piedra llamados ahus, que en 1995 fueron nombrado bienes de la humanidad por la UNESCO, y que hoy son mundialmente conocidas entre los turístico y lo esotérico.

Unas estatuas que a día de hoy son pura materia de especulación, especialmente el modo en que fueron erigidas. Hay quien ha argumentado que la raza de los constructores originales desapareció, otros han hecho lo propio diciendo que sólo se fue progresivamente diezmando por el consumo de recursos para hacer estas mega-construcciones e, incluso, ha habido quien aseguró que fueron echas (como las Pirámides de Egipto) por alienígenas ancestrales. Aunque nadie ha podido hasta la fecha demostrar nada a favor o en contra.

Algo que demuestra la idea quijotesca y unamuniana del erostratismo: aunque nosotros no vayamos a nombrar al desgraciado sujeto. Por la cual, siempre es más fácil hacerte tristemente célebre por destruir algo que por crearlo.

«También viene con esto lo que cuentan de aquel pastor, que puso fuego y abrasó el templo famoso de Diana, contado por una de las siete maravillas del mundo, sólo porque quedase vivo su nombre en los siglos venideros; y aunque se mandó que nadie le nombrase ni hiciese por palabra o por escrito mención de su nombre, porque no consiguiese el fin de su deseo, todavía se supo que se llamaba Eróstrato».

Don Quijote de la Mancha, capítulo VIII de la Segunda parte.