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Bien es sabido que el alcohol y la distancia social no combinan bien. Johnny McFadden, el propietario del bar The Star Inn en St Just, Cornwall, ha decidido coger la sartén por los cuernos e instalar un método expeditivo para impedir que los clientes se acerquen demasiado a los empleados.

McFadden ha instalado una valla eléctrica alrededor de la barra del bar, de modo que los borrachos se electrocuten –con moderación: 6 voltios- si intentan traspasar el último metro para pedir una pinta.

Las imágenes de la barra electrificada han circulado con profusión por las redes sociales durante los últimos días, donde ha recibido los parabienes del personal: «¡Es la mejor idea de todos los tiempos!», celebraba un comentarista.

En declaraciones a la BBC, McFadden explicó las razones tras este comportamiento activo-agresivo: «Está ahí por la distancia social. Antes de la valla, la gente no mantenía la distancia social y hacía lo que les daba la gana, pero desde que la pusimos parece que son un poco más conscientes de la importancia de este distanciamiento. Es por el beneficio de todos», remató.

Por suerte para los clientes, The Star Inn está ubicado en una zona rural, así que todo el mundo sabe lo que es una valla eléctrica: «Mantiene lejos a las ovejas, y mantiene alejada a la gente», concluye McFadden.

Visto en Cornwall Life. Con información y fotos de Twitter.