¡Comparte este artículo!

Ya sabemos que las multitudes son el ambiente idóneo para la propagación del coronavirus: entierros y misas se han convertido en “puntos calientes” para la transmisión de la enfermedad. Pero si a la alta densidad de personas le añades un espacio cerrado y angosto, música latina y sudor a mansalva, tienes el Edén soñado por el virus del covid-19.

Sucedió en un gimnasio de Chenoan, en Corea del Sur, el pasado 15 de febrero: «Fue una sesión intensa. Cuatro horas con las pulsaciones a tope, haciendo ejercicio al ritmo de música latina. Esa sesión de zumba  originó 112 contagios por SARS-CoV-2», según informe del CDC americano y del que se hace eco Nius Diario.

Según la investigación llevada a cabo por el Center for Desease Control and Prevention (CDC), el virus fue propagándose, zumba mediante, por distintas ciudades de Corea del Sur desde aquel infausto taller en Cheonan, al que asistieron 27 monitores. Ninguno presentaba síntomas aquel día, pero ocho de ellos terminaron dando positivo y extendieron la enfermedad entre sus alumnos, sus familias y sus compañeros de trabajo.

La cadena de contagio obligó a las autoridades a vigilar a los 217 alumnos que recibieron clases de alguno de los profesores contagiados en 12 gimnasios diferentes. Si a estas personas se suman otros contactos que fue necesario rastrear, en total se monitorizó a 830 personas.

Se sospecha que el monitor que llevó el SARS-CoV-2 hasta aquella clase de zumba fue un profesional de la ciudad de Daegu, el epicentro de la epidemia en el país. Fue el primero en desarrollar síntomas, sólo tres días después del taller de zumba.

El estudio del CDC baraja las causas de este brote. Se considera importante el número de personas y el tamaño de las salas; pero también las particularidades que hacen atractivo este ejercicio: su intensidad cardiovascular y los movimientos vigorosos que hacen que el aire circule con fuerza.

Las clases en las que hubo contagios reunieron entre cinco y 22 alumnos en salas de unos 60 metros cuadrados durante 50 minutos. Los profesores contagiados dieron algunas clases con menos de cinco personas, pero en estas situaciones no se produjo ningún nuevo caso.

Incluso se destaca el episodio de uno de los monitores, que impartió una sesión de pilates para un grupo reducido y nadie resultó infectado. Los autores comentan que el pilates o el yoga suponen un riesgo inferior que los ejercicios más intensos.

La apertura de los gimnasios en España se ha pospuesto hasta la fase 3 de la desescalada, si bien sólo podrán ocupar un tercio de su aforo y sin vestuarios. Las clases de zumba seguirán vía Zoom-ba hasta nueva orden.

Noticia original en Nius Diario. Con información de CDC y El Confidencial.