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Dan y Mandy Sheldon, una pareja inglesa, acudió felizmente al registro civil de Chesterfileld, Derbys, que volvía a abrir tras el largo confinamiento. En brazos llevaban a su hijo de cuatro meses, que pretendían llamar Lucifer.

Sin embargo, y para su estupefacción, la funcionaria se negó a registrar semejante nombre: «Nos dijo que nuestro hijo jamás conseguiría un trabajo con ese nombre y que los profesores no querrían tenerlo como alumno», explica Dan, el indignado padre, a The Sun.

«Yo le intenté explicar que no somos religiosos, y que Lucifer en griego significa “el que trae luz”, y “mañana [amanecer]”, pero la mujer se negó a escuchar. «Nos llegó a decir que es ilegal llamar Lucifer a un niño en Nueva Zelanda, y que tal vez podíamos elegir cualquier otro nombre y llamarle Lucifer en casa».

Ante el cabreo de la pareja, la familia fue invitada a abandonar la oficina mientras la funcionaria cotejaba la legalidad del nombre. Finalmente, no le quedó más remedio que admitir la petición y expedir el certificado con el hombre de “Lucifer Sheldon”, tal y como muestra orgulloso el padre, Daniel:

«Finalmente lo aceptó pero a regañadientes. Sinceramente, creemos que se trata de un nombre bonito… y único. No esperábamos tanta congoja por su parte».

Se trata de un nombre original, sin duda, pero no único. En 2012, una pareja argentina intentó poner a su hijo Lucifer pero su petición fue rechazada por las autoridades por estar en la lista de los nombres prohibidos, precisamente por su vinculación a la figura bíblica de Satán.

Tres años después, en 2015, de nuevo en Argentina, una pareja de Santa Feconsiguió llamar a su hija Lucifer, amparándose para ello en el nuevo Código Civil argentino. La decisión causó gran revuelo en el país austral.

El nombre de Lucifer aparece por primera vez en la Biblia King James, en 1611, pero no en ninguna versión en español.

Noticia original en The Sun. Con información de Adventist Biblical Research, Religión en Libertad.